Las raíces

Donde todo empieza

Hay cosas que nos acompañan desde siempre y otras que vamos descubriendo por el camino. Personas, animales, experiencias, lugares y aprendizajes que dejan huella y terminan formando parte de quienes somos.

Huellas y Alas nace de muchas de ellas.

Nace de la infancia y de la naturaleza. De la curiosidad y las preguntas. De aprender que mirar no siempre significa observar y que comprender requiere tiempo, atención y respeto.

Nace también de dos hermanas que recorrieron caminos diferentes y que un día descubrieron que podían encontrarse en un proyecto común. Dos miradas que se entrelazan en una misma manera de entender la infancia, la naturaleza y nuestra relación con la vida.

Porque antes de desplegar las alas hay algo que merece la pena conocer: aquello que nos sostiene.

Vanessa

Observar para comprender

Bióloga de formación y curiosa por naturaleza, siempre he sentido la necesidad de comprender lo que tengo delante. Los animales han formado parte de mi vida y, con el tiempo, también de mi manera de mirar el mundo.

Mi formación en biología me enseñó a observar, hacerme preguntas y buscar el porqué de las cosas. Mi camino junto a los animales me enseñó algo más: que comprenderlos no consiste únicamente en conocer cómo funciona su cuerpo o su comportamiento, sino también en aprender a mirar al individuo que tenemos delante.

Cada animal tiene su forma de relacionarse con el mundo, sus necesidades, sus experiencias y su manera de comunicarse. Y cuanto más aprendemos a observarlos, más posibilidades tenemos de relacionarnos con ellos desde el respeto y la comprensión.

Esa misma curiosidad es la que quiero llevar a Huellas y Alas: invitar a los niños a preguntar, explorar, observar y descubrir por sí mismos, sin decirles cómo tienen que mirar el mundo, pero ofreciéndoles herramientas para comprenderlo mejor.

Porque quizá una de las cosas más bonitas que podemos enseñarles no sea una respuesta, sino las ganas de seguir haciéndose preguntas.

Mayka

Acompañar para crecer

Mi vocación y mi amor por la infancia me llevaron a estudiar Magisterio y a dedicar gran parte de mi camino a comprender cómo aprenden y crecen los niños.

Con el tiempo entendí que educar es mucho más que enseñar conceptos. También es acompañarles a conocerse, comprender lo que sienten, aprender a relacionarse con los demás y descubrir su propia manera de estar en el mundo.

Creo que la infancia es una etapa fundamental para sembrar recursos que nos acompañarán durante toda la vida. Un tiempo para explorar, equivocarse, descubrir capacidades, aprender a tomar decisiones y crecer sintiendo que existe un lugar seguro desde el que hacerlo.

En Huellas y Alas quiero contribuir a crear esos espacios: lugares donde los niños puedan sentirse acompañados y, al mismo tiempo, libres para descubrir quiénes son y quiénes quieren llegar a ser.

Porque educar no debería consistir únicamente en preparar a un niño para el futuro, sino también en ayudarle a construir las herramientas que le permitan vivir su propio camino con autonomía, confianza y conexión consigo mismo, con los demás y con la vida.

Dos miradas, un solo camino

Una invita a mirar hacia fuera, observar la vida y hacerse preguntas.
La otra acompaña a mirar hacia dentro, conocerse y encontrar recursos para recorrer el propio camino.

Huellas y Alas nace en el lugar donde ambas miradas se encuentran.

Un espacio para descubrir el mundo sin dejar de descubrirnos a nosotros mismos. Para aprender a relacionarnos con los demás seres vivos desde la comprensión y el respeto, y con nosotros mismos desde el conocimiento, la confianza y la libertad.

Porque crecer conectados con la vida también significa aprender a estar conectados con quienes somos.

Lo que nos guía

Curiosidad para descubrir

Creemos en una infancia que pregunta, experimenta, juega y se sorprende. No queremos dar todas las respuestas, sino despertar las ganas de buscarlas y ofrecer herramientas para que cada niño pueda construir sus propios aprendizajes.

Libertad para ser, seguridad para crecer

Los niños necesitan espacio para explorar quiénes son, tomar decisiones, equivocarse y descubrir sus capacidades. Una libertad acompañada de límites que cuidan, sostienen y ofrecen un lugar seguro desde el que crecer.

Comprender antes de juzgar

Detrás de una conducta —humana o animal— hay mucho más de lo que vemos a primera vista. Queremos aprender a observar, hacernos preguntas y comprender antes de interpretar. Porque cuando cambia nuestra mirada, también cambia nuestra manera de relacionarnos.

Conectados con la vida

Formamos parte de la naturaleza, no estamos separados de ella. Queremos recuperar el contacto con el entorno y aprender a relacionarnos con los animales desde el conocimiento y el respeto, reconociéndolos como seres con necesidades, formas de comunicación y experiencias propias.

Acompañar sin decidir el camino

No queremos decirles a los niños quiénes deben llegar a ser. Queremos ofrecerles experiencias, recursos y espacios donde puedan conocerse, desarrollar autonomía y confianza y descubrir su propia manera de caminar por el mundo.

Nuestras raíces también tienen huellas

Algunas de las enseñanzas más importantes no llegaron en forma de palabras.

Llegaron con cuatro patas, nos obligaron a detenernos, a observar de otra manera y nos recordaron que relacionarnos con un animal también puede transformar nuestra forma de entender la vida.

Tirma-La huella que permanece

Tirma compartió quince años de vida con nosotras. Crecimos juntas y nos enseñó que el amor, el vínculo y los aprendizajes viajan en las dos direcciones.

Sin saberlo entonces, fue abriendo muchas de las preguntas que terminarían formando parte de nuestro camino.

Su marcha cambió nuestra manera de entender el vínculo con los animales y dejó una huella que no terminó con su ausencia. Hay relaciones que nos transforman tanto que siguen formando parte de lo que construimos mucho después.

De alguna manera, Tirma está en las raíces de Huellas y Alas, porque algunas historias no terminan: se transforman y continúan creciendo con nosotros.

Teo- La huella que sigue caminando

Después llegó Teo.

Llegó con una historia propia, con experiencias que no conocíamos por completo y con una manera muy particular de relacionarse con el mundo. Con él aprendimos todavía más algo que hoy forma parte de Huellas y Alas: observar antes de interpretar.

Teo nos recuerda cada día que una conducta puede estar contando algo, que la confianza necesita tiempo y que acompañar también significa respetar los ritmos del otro.

Nos ha traído aprendizajes, juego, ternura, alguna que otra aventura y, por supuesto, una extraordinaria habilidad para localizar cualquier recurso alimenticio disponible. 😜

Pero Teo también despertó una historia.

De mi experiencia junto a él, de observar sus cambios, sus dificultades, sus pequeños logros y todo aquello que fuimos aprendiendo juntos, nació el zorro que protagoniza El príncipe zorrito.

Y así, casi sin saberlo, Teo pasó de dejar huellas por toda la casa a dejar también algunas de ellas en las páginas de un cuento. ❤️

Hacia donde crecen nuestras alas

Huellas y Alas nace con raíces, pero también con espacio para crecer.

Queremos crear cuentos, recursos, talleres y experiencias que despierten la curiosidad, acerquen a los niños a la naturaleza y a los animales y les ayuden a conocerse, expresarse y relacionarse mejor con el mundo que les rodea.

Soñamos con espacios donde aprender signifique también explorar, jugar, observar, preguntar, experimentar y sentir. Donde los niños puedan descubrir la vida fuera de una pantalla, ensuciarse las manos, sorprenderse con lo pequeño y recuperar esa capacidad de asombro que tantas veces damos por sentada.

Queremos acompañar también a familias y educadores, compartiendo recursos y propuestas que ayuden a seguir cultivando en casa y en otros espacios todo aquello que comienza con una pregunta, una experiencia o un descubrimiento.

No sabemos hasta dónde crecerán estas alas. Y quizá tampoco necesitemos saberlo todavía.

Lo que sí sabemos es desde dónde queremos hacerlo: desde el respeto, la curiosidad, la conexión y la certeza de que aprender a relacionarnos mejor con la vida empieza por sentir que formamos parte de ella.